El sector bancario atraviesa uno de los momentos más decisivos de su historia reciente. Tras años marcados por una mayor presión regulatoria, la disrupción tecnológica y la entrada de nuevos competidores digitales, la banca se encamina hacia 2026 con un reto claro, poder transformarse estructuralmente para seguir siendo relevante, rentable y confiable en un entorno cada vez más exigente.
Así lo revela el más reciente informe de OBS Business School realizado por el profesor Jaime Martínez, que analiza la evolución del sector financiero y advierte que la banca del futuro no estará definida únicamente por el contexto macroeconómico o los tipos de interés, sino por su capacidad de adaptación a un ecosistema profundamente digitalizado y competitivo. Colombia es un ejemplo claro de esta transformación, según la Superintendencia Financiera, el 78% de las operaciones bancarias del país se realizaron por canales digitales en 2023, con más de 10.000 millones de transacciones vía aplicaciones móviles y cerca de 2.000 millones a través de internet, confirmando que la experiencia digital ya domina la relación cotidiana entre bancos y usuarios.
El estudio señala que la digitalización dejó de ser una ventaja competitiva para convertirse en un requisito básico. Hoy, los clientes comparan a los bancos no solo entre sí, sino con la experiencia que ofrecen las grandes plataformas tecnológicas en términos de rapidez, personalización y simplicidad. En Colombia, esta tendencia se refleja en el comportamiento de los usuarios, una encuesta de Akamai Tecnología (2025) muestra que el 32% de los consumidores considera los servicios digitales como un factor clave al elegir una entidad financiera, mientras que el 40% combina banca tradicional y digital, y un 19% utiliza exclusivamente banca digital. No obstante, OBS subraya que la automatización no debe reemplazar el valor humano, sino complementarlo, ya que la confianza, el asesoramiento y la cercanía siguen siendo activos centrales del sistema financiero.
En términos de rentabilidad, el informe advierte que las mejoras coyunturales no resuelven los desafíos estructurales del sector. La sostenibilidad financiera dependerá de una mayor eficiencia operativa, una gestión avanzada de datos y la diversificación de fuentes de ingreso. En este contexto, el uso estratégico de la información se convierte en un factor decisivo para anticipar riesgos, personalizar servicios y mejorar la toma de decisiones, especialmente en mercados como el colombiano, donde la adopción digital avanza más rápido que la integración de capacidades analíticas.
Otro eje central del análisis es la creciente presión competitiva de fintechs, bigtechs y plataformas digitales. De acuerdo con la International Trade Administration, en abril de 2024 operaban 394 startups fintech en Colombia, casi el doble que cuatro años atrás, posicionando al país como el tercer mercado fintech de América Latina, solo detrás de Brasil y México. Frente a este panorama, OBS destaca que la banca tradicional deberá avanzar hacia modelos más abiertos, colaborativos y basados en alianzas, abandonando esquemas cerrados que limitan la innovación. Además el informe menciona que España se ha consolidado entre los países europeos con mayor uso de banca digital, por encima del 70% de la población, dando un salto de más de 8 p.p. durante la pandemia, acercándose al patrón nórdico y superando ya a grandes mercados como Francia. Este avance se explica por la amplia penetración del smartphone, la mejora de la experiencia de usuario (casos como Bizum y la contratación 100% digital), y por marcos como PSD2 que refuerzan la seguridad. Las proyecciones sectoriales sitúan la penetración en torno al 85% a medio plazo y prevén que la contratación digital pase del 50% hacia 75% aproximadamente. Para ello, es necesario seguir invirtiendo en el desarrollo de la digitalización, pero también es clave cerrar la brecha de edad y de territorio.
El informe también pone el foco en la regulación y la confianza. Si bien la supervisión seguirá siendo clave para la estabilidad del sistema, OBS advierte sobre la necesidad de marcos normativos que acompañen la innovación sin frenar el desarrollo tecnológico.
Finalmente, el estudio concluye que la verdadera transformación bancaria es, ante todo, cultural. La banca de 2026 requerirá talento con perfiles híbridos, liderazgo capaz de gestionar la incertidumbre y organizaciones preparadas para el cambio continuo. El futuro del sector no estará definido por una sola tecnología, sino por la capacidad de integrar digitalización, eficiencia, regulación y propósito. En un entorno financiero cada vez más complejo, la banca se consolida como una infraestructura crítica para la estabilidad económica y el desarrollo sostenible, y Colombia se perfila como uno de los escenarios donde esta transformación se está jugando en tiempo real.
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