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Según el informe «Más allá del diseño», publicado por la Escuela Superior de Diseño de Barcelona (ESDESIGN), la crisis climática actual no es un fallo del sistema, sino un éxito de un diseño mal entendido. Como afirma su autora, Ana Villagordo «El diseño ha sido la herramienta para crear necesidades artificiales, ahora debe ser la herramienta para garantizar necesidades reales».

Esta transformación se produce en un momento crítico, En informe presenta evidencia de que la ciencia confirma que ya hemos superado 7 de los 9 límites planetarios, siendo la acidificación de los océanos el indicador más reciente en entrar en zona de riesgo. Ante esta realidad, el diseñador contemporáneo se enfrenta a un doble desafío, erradicar la confusión terminológica del marketing tradicional y aprender a crear dentro de un modelo económico que respete tanto la dignidad humana como la biológica.

La industria ha abusado de conceptos que confunden al consumidor. Un ejemplo crítico es el término «biodegradable». Aunque técnicamente el plástico lo es, el informe advierte que puede tardar hasta 250 años en desaparecer, un periodo de tiempo que lo hace incompatible con la urgencia climática actual. Por ello, la honestidad radical se impone como la nueva norma ética.  Además, en el informe se mencionan cifras y datos cómo, diseñar con criterio significa entender que el 80% del impacto ambiental de un producto se define en la fase de diseño, pero este impacto no puede ser mitigado solo con cambiar un material por otro y la servitización (pasar de vender objetos a ofrecer servicios) es la clave para reducir la presión sobre los recursos.

El segundo paso es el lenguaje es la base de esta nueva era, la «Economía del Donut» es el mapa estratégico que debe guiar la creatividad. Este modelo visualiza el diseño entre dos fronteras infranqueables: el suelo social y el techo ecológico. El diseño debe garantizar primero que nadie caiga en la carencia de derechos básicos, atendiendo a cifras alarmantes del informe que vinculan la precariedad con la salud mental, donde el 56% de los jóvenes con carencia material severa sufren diagnósticos de problemas de salud mental. Por tanto, un diseño que ignora la accesibilidad o fomenta la desigualdad no es diseño, sino explotación. Al mismo tiempo, el profesional debe respetar el techo ecológico para no agravar la pérdida de biodiversidad o el agotamiento del agua dulce, recordando siempre que el residuo es un invento moderno de un sistema que olvidó cómo funciona la naturaleza.

En consecuencia, el diseñador de 2026 debe actuar como un facilitador de transiciones, abandonando la «economía del ego» para abrazar una «economía del eco» que priorice el bien común. No podemos ser diseñadores en un planeta muerto, y esto requiere una brújula ética inquebrantable que sitúe la vida en el centro de cada proyecto. Al integrar la honestidad terminológica con el marco de justicia del Donut, la disciplina recupera su función social. Como concluye la visión de ESDESIGN, el éxito ya no reside en la invención de un nuevo objeto de deseo, sino en el rediseño de cómo habitamos el mundo, entendiendo que el diseño que realmente necesitamos es aquel que tiene el valor de no existir si no aporta una solución real a los límites de nuestro único hogar.

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