La expansión de la Inteligencia Artificial está poniendo a prueba la capacidad de las organizaciones de salud, en medio del avance de la Interoperabilidad de la Historia Clínica Electrónica en Colombia.
Según un balance publicado por el Ministerio de Salud en junio de 2026, 744 prestadores, con 2.456 sedes, intercambiaban información mediante Resúmenes Digitales de Atención. El mecanismo había recibido más de 7,7 millones de estos registros, correspondientes a cerca de 2,7 millones de pacientes.
Esta capacidad de conectar información entre organizaciones es una de las condiciones para integrar sistemas inteligentes en la atención y seguir aprovechando los beneficios de la IA aplicada a este sector.
Para que la implementación tecnológica sea exitosa, los centros de salud deben evaluar tanto las herramientas que se usan como definir quién responde por su uso para que su incorporación sea segura de realmente optimice el tiempo del personal de salud. Así lo plantea el informe Transformación inteligente del ecosistema sanitario 2026–2030, de OBS Business School, perteneciente a Planeta Formación y Universidades.
El informe, dirigido por los profesores Juan Ramón Segura y J. Alfonso Formáriz, explica que los posibles beneficios de la IA en salud son el apoyo a las decisiones clínicas, el seguimiento de pacientes y una mejor asignación de recursos. Su alcance depende del problema que se busca resolver y de las condiciones de cada servicio.
“Compartir información entre hospitales y otros actores permite coordinar mejor la asistencia y reducir la fragmentación de los procesos”, explica Juan Ramón Segura,director del Máster en Salud Digital e Inteligencia Artificial y Business Development Manager en Medtronic.. “La interoperabilidad, entendida como la capacidad de distintos sistemas para intercambiar y utilizar información, es una de las bases de esa transformación,siempre teniendo en cuenta que se usen datos fiables y haya controles de acceso”.
Dentro de los errores que pueden limitar el impacto de esta integración tecnológica, dos de los más importantes es el de elegir una herramienta sin haber definido la necesidad real o sin probar su desempeño en diferentes servicios, así como el de automatizar procesos ineficientes.
Las pruebas que se hacen son técnicas, pero estas sirven para demostrar que el sistema funciona, mas no para que haya una mejoría en la práctica. Por eso, los expertos de OBS proponen que para pasar de las pruebas piloto a un uso sostenido, se sigan estos pasos:
- Priorizar una necesidad concreta seleccionando un problema clínico, asistencial u organizativo que justifique la intervención.
- Definir cómo se medirá la mejora estableciendo una línea de base e indicadores de seguridad, tiempos, experiencia del paciente o carga de trabajo.
- Validar en condiciones reales, probando la solución con profesionales y datos representativos del entorno donde se utilizará.
- Integrarla en los procesos habituales y así evitar circuitos paralelos que obliguen a duplicar registros o tareas.
- Formar sobre el uso y las limitaciones de la herramienta y definir quién supervisa, válida y puede detener su funcionamiento.
- Ampliar su uso por etapas reevaluando los resultados en cada nuevo servicio, centro o población antes de extenderla.
“La supervisión humana es especialmente relevante en las decisiones que requieren juicio clínico o comunicación con el paciente”, advierte J. Alfonso Formáriz, profesor del Máster en Salud Digital e Inteligencia Artificial y CEO Havas Health Network Spain. Siempre se recomienda una gobernanza que reúna capacidades clínicas, tecnológicas, jurídicas, éticas y de gestión, con participación de pacientes cuando corresponda, así como prever los recursos necesarios para monitorear y actualizar las soluciones después de su puesta en marcha”.
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