Durante años, enfermedades como el sarampión, la tosferina y otras infecciones prevenibles mediante vacunación dejaron de formar parte de las preocupaciones cotidianas de muchas familias. Sin embargo, esa percepción de seguridad puede resultar contraproducente. Cuando una enfermedad deja de verse, también puede disminuir el interés sobre la importancia de prevenirla.
Para Lina Marcela Ciro Ladino, docente del programa de Enfermería de la Fundación Universitaria del Área Andina en Pereira, las bajas coberturas de vacunación no obedecen a una sola causa. Entre los factores se encuentran las dificultades para acceder a los servicios, especialmente en zonas rurales y dispersas; horarios que coinciden con las jornadas laborales; tiempos de espera prolongados; interrupciones ocasionadas durante la pandemia y la circulación de mitos y desinformación sobre las vacunas.
A esto se suma un fenómeno menos evidente: la baja percepción del riesgo. Cuando las familias no han visto casos de una enfermedad durante años, pueden considerar que vacunarse es menos urgente. “Muchas de estas enfermedades han disminuido su circulación gracias al éxito de los programas de inmunización”, explica la docente. Precisamente por eso, mantener las coberturas resulta fundamental para evitar que vuelvan a propagarse.
Revisar el carné también es una forma de prevención: Los padres y cuidadores deben verificar que los niños tengan actualizado su esquema de vacunación y consultar al personal de salud ante cualquier duda. Entre las actualizaciones señaladas para 2026 está el acortamiento del esquema de vacunación durante los primeros meses de vida, con adelanto de algunas edades de aplicación: la dosis de los dos meses pasa al mes y medio; la de cuatro meses, a los tres meses, y la de seis meses, a los cuatro meses.
También se introdujeron cambios para las gestantes. La vacuna Tdap se aplica ahora desde la semana 20 de embarazo y se incorporó la vacunación contra el virus sincitial respiratorio (VSR) desde la semana 28, con el propósito de brindar protección al recién nacido durante sus primeros meses de vida.
Esta protección ocurre porque los anticuerpos producidos por la madre durante el embarazo pueden atravesar la placenta y proporcionar inmunidad pasiva al bebé, justamente durante una etapa en la que todavía no ha completado su propio esquema de vacunación.
Ahora bien, perder el documento físico no significa necesariamente perder el historial de vacunación. En Colombia existe PAIWEB, sistema en el que se registran las vacunas aplicadas, y la información puede consultarse mediante Mi Vacuna. Si los registros no aparecen, se recomienda acudir a la institución donde fueron aplicadas para verificar los archivos.
Cuando no existe ningún soporte que permita comprobar las dosis recibidas, el personal de salud puede determinar, de acuerdo con la edad y los lineamientos del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI), cómo iniciar o completar el esquema.
Un retraso tampoco significa que haya que comenzar nuevamente: las dosis ya administradas mantienen su validez. Lo importante es recuperar las vacunas pendientes tan pronto estén disponibles.
Viajar también exige revisar la protección: Ante las alertas por fiebre amarilla, la recomendación contempla la vacunación de la población susceptible residente o viajera hacia zonas de riesgo, desde los nueve meses de edad, de acuerdo con los lineamientos de las autoridades sanitarias. La vacuna ofrece una protección superior al 95 % y, en la mayoría de las personas, una sola dosis proporciona inmunidad duradera.
La vacunación, concluye Ciro Ladino, no es solamente una decisión individual. Mantener altas coberturas también protege a quienes tienen mayor vulnerabilidad frente a las enfermedades y contribuye a evitar que infecciones que parecían pertenecientes al pasado vuelvan a encontrar condiciones para circular.
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